Los rock stars del MP3
Escrito por jcarlosAgo 20

Hubo un tiempo cuando el disco de vinilo dominaba la industria musical. Su reinado, por más de cuatro décadas, se derrumbó el día que apareció el disco compacto, que nos obligó a cambiar el viejo tornamesa por el reproductor de lectura láser. El nuevo rey del mercado se mantuvo 20 años, hasta que estalló la revuelta en Internet. Ahora, mientras el CD parece agonizar, ha iniciado el mandato de los formatos digitales, como el MP3, y las fórmulas para crear estrellas del rock desde la red.
En la era digital, cualquier músico o agrupación puede subir un sencillo a Internet y promoverlo en línea. En su número de marzo, la revista inglesa Q Magazine publicó un artículo sobre la banda de rock Arctic Monkeys, cuyo sencillo promocional alcanzó el número uno en las listas de popularidad en Inglaterra, cuando nadie en la industria discográfica los conocía.
La estrategia de los Arctic Monkeys fue simple pero muy eficaz. Grabaron el sencillo con sus propios medios, subieron el demo a Internet y dejaron que los bloggers y los chat rooms hicieran su trabajo. Bastaron unos días para que el sencillo llegara a la radio satelital y un par de semanas para que los fans saturaran los teléfonos de las tiendas de música preguntando por la banda. “¿Arctic what?” Nadie los conocía. Y, por supuesto, no aparecían en los catálogos de las disqueras.
La tienda de discos Sister Ray, ubicada en Londres, logró contactarlos y les ofreció comercializar el sencillo en su página web en formato MP3. El grupo les ofreció dos canciones, mismas que se vendieron por miles y sonaron de inmediato en estaciones de rock de todo el mundo. Poco después, tras la firma de un jugoso contrato con el sello Domino, los Arctic Monkeys grabaron su primer disco Whatever People Say I Am, That’s What I Am Not, el cual salió a la venta en Gran Bretaña en enero de este año.
Esta estrategia también fue utilizada por la banda neoyorquina Clap Your Hands Say Yeah, la cual, tras promover sus demos en la red, ha vendido más de 70 mil copias de su primer álbum (autofinanciado, sin disquera de por medio) desde su propia página de Internet. Y esto es sólo la punta del iceberg de un inmenso (y creciente) circuito de promoción, distribución y venta en línea.
Boom digital
El mercado de la música se encuentra en el umbral de una transición al comercio electrónico. Mientras las ventas mundiales de CD disminuyen, el número de descargas legales vía Internet se dispara. En 2005 se vendieron 420 millones de canciones en línea -veinte veces más que hace dos años- y este año se espera que la cifra rebase los mil millones de archivos.
La creciente demanda de música digital está directamente vinculada con los avances tecnológicos, es decir, con la consolidación de la computadora conectada a Internet como una extensión del hombre y con la rápida proliferación de los sistemas de reproducción digital, que van desde las mismas computadoras personales hasta el iPod de alta fidelidad, teléfonos celulares, agendas electrónicas, televisores con disco duro, estéreos multiformato y un largo etcétera que no dejará de crecer.
Los analistas del sector calculan que en cuestión de cinco años la venta de música digital en Internet representará más de 50 por ciento de los ingresos de la industria, y que para entonces el disco compacto será un artículo de colección, como lo son el vinilo y el audiocasete.
Las tiendas de música, como hoy las conocemos, serán sustituidas por sitios de venta en línea, y las pocas que sobrevivan tendrán más el aspecto de un café Internet que la de una tienda de discos tradicional.
La idea es que el consumidor pueda comprar y descargar canciones o álbumes completos -con letras, créditos y arte incluido- desde cualquier aparato conectado a la red, como un teléfono celular. Luego, si quiere, puede guardar sus archivos de música en algún soporte físico, como un CD virgen, o descargarlos en el disco duro de su computadora o en el sistema de reproducción digital de su preferencia.
La evolución del mercado digital avanza tan rápido, que es muy probable que este mismo año el portal de venta en línea Amazon incluya el servicio de descarga de archivos audiovisuales. Por su parte, compañías de aparatos eléctricos como Denon y Arcam anunciaron el lanzamiento de una nueva línea de estéreos con tecnología para descargar y reproducir música en cualquier formato digital.
La batalla legal
Todo comenzó hacia finales de los noventa, cuando los internautas encontraron las vías para acceder a la música de manera sencilla y gratuita. La revuelta digital se originó en sitios especializados, como Napster, desde los cuales el usuario podía descargar un software diseñado para el libre intercambio de canciones en formato MP3.
La expansión de este tipo de programas en Internet se convirtió en un dolor de cabeza para la industria discográfica, mismo que adquirió las dimensiones de una migraña crónica cuando salió a la venta el quemador de discos compactos. Esta combinación, música gratis y discos vírgenes, provocó que el mercado negro creciera de manera descomunal. Entonces se habló de “piratería digital”, “descargas ilegales” y “distribución ilegítima de música”.
Tras una férrea batalla en los tribunales, la industria legítima, la que tiene los derechos de explotación comercial de la obra, logró eliminar la palabra “gratis” del portal Napster, al tiempo que exigió garantías legales para incorporarse al comercio electrónico de la música en formato digital. Entre las exigencias destaca la tipificación de la piratería digital como delito y la urgente promoción de reformas legislativas en materia de comercio electrónico, propiedad intelectual y derechos de autor.
Aunque a paso lento, y a pesar de los vacíos legales que presenta Internet, cada vez son más los países que modifican sus leyes a favor del comercio legal en la red. En México, por ejemplo, ya se dio el primer paso. En marzo entró en vigor una ley que protege el comercio legítimo de música en línea, y que a su vez castiga la piratería digital.
Así que, estimado internauta mexicano, si usted descarga una canción de un sitio ilegal, de los que no pagan derechos de autor ni regalías a las disqueras, estará cometiendo un delito y puede que sea rastreado por la flamante Unidad de Antipiratería Cibernética.
Los candados de Apple
Aunque la gran mayoría de los sitios para descargar y compartir música siguen siendo ilegales, actualmente existen cientos de tiendas en línea desde las cuales se puede comprar y descargar música de manera sencilla y dentro del marco legal.
El ejemplo más claro es el portal iTunes, de Apple, que concentra más de 70 por ciento del negocio con un catálogo de canciones que rebasa los dos millones de títulos, y que a la fecha cuenta con la autorización de venta en línea en 21 países. Los archivos de música que ofrece iTunes, sin embargo, tienen instalado un sistema digital de gestión y control de derechos (DRM) que limita su reproducción exclusivamente a los iPod de Apple.
Esta restricción de Apple recién provocó una controversia legal en Francia, cuya legislación en la materia garantiza que la persona que adquiere música digital en línea tiene el derecho a escucharla en cualquier aparato sin importar la marca. Apple, por su parte, se defiende bajo el argumento de que el gobierno Francés promueve la piratería digital, e incluso sus voceros han dicho que la empresa prefiere abandonar el mercado galo antes que revelar sus secretos tecnológicos.
A raíz de los problemas legales en Francia, se desató un debate de alcance internacional sobre la interoperabilidad de los archivos digitales. Por lo pronto, en España, la Sociedad General de Autores se sumó a la batalla legal en contra de Apple al presentar una demanda por negarse a pagar el canon por cada iPod que vende en ese país.
Sintonía con el cambio
La industria musical y del entretenimiento se ha debido adaptar a los acelerados cambios tecnológicos, con el fin de aprovecharlos. “El crecimiento de las plataformas de música digital significa que los consumidores pueden, como nunca antes, disfrutar de la música en cualquier lugar y a cualquier hora”, declaró Alex Zubillaga, vicepresidente ejecutivo de Warner Music.
“La revolución digital en Internet -agrega- también ha contribuido a la transformación de Warner Music. Ya no somos una compañía discográfica tradicional; ahora somos una empresa que genera y provee los más diversos contenidos, ya no sólo canciones y discos, sino también tonos de llamada para celulares, descargas de videos, el arte de los álbumes y letras de las canciones, a través de una enorme gama de canales”.
Por su parte, Simon Wright, presidente de Virgin Entertainment Group International, dijo recientemente que 2005 “fue un año de muchas lecciones acerca de la diversificación. A partir de ahora, para que el negocio sea viable, tenemos que combinar la venta de los formatos tradicionales con la venta de los productos digitales en línea. Ese es el camino que debemos seguir para que crezca el sector”.
Otro de los gigantes de la industria, Sony BMG Music Entertainment, está en la misma sintonía. “Con los avances en la tecnología digital, por primera vez en la historia, enormes catálogos de música están a la disposición inmediata y legítima de los consumidores, para que la disfruten como quieran, en donde quieran y cuando quieran”, dijo Thomas Hesse, presidente de esa compañía.
Los planteamientos sugieren la idea de que todos salgan ganando. “La ubicuidad en la disposición de la música y la aparición de nuevos formatos y plataformas digitales ofrecen grandes oportunidades para los artistas, las compañías y los fans”, afirma el presidente de Sony-BMG. o
El negocio de MySpace
Uno de los sitios que ha revolucionado los esquemas de promoción y descubrimiento de grupos es MySpace.com. Con cerca de 50 millones de usuarios, este portal ofrece un espacio para que los grupos nuevos promuevan su música por todo el mundo sin el respaldo de un sello discográfico. Ahora, en lugar de que los grupos toquen puertas y hagan antesala, las compañías discográficas buscan nuevos talentos en este tipo de sitios.
Tal ha sido el impacto de este portal, que en julio del año pasado el magnate Rupert Murdoch pagó 580 millones de dólares por la empresa MySpace. Murdoch estima que en 2007 tendrá ganancias de 400 millones de dólares por concepto de descarga de música y venta de publicidad.
ROBERTO GARZA ITURBIDE
Dia Siete
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