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Una Grabación ¿Es Música?

Una Grabación ¿Es Música?

Durante siglos, desde los inicios de la humanidad, la música ha sido una forma de expresión. Algo que nos diferencia de los animales. Una necesidad para algunos, una pasión para otros. Un placer para la mayoría según los estudios de consumo cultural aunque hay quien piense, como Napoleón percibía, que la música es el menos desagradable de los ruidos.

Pero la música ha cumplido también una variada función social. Desde finalidades religiosas a guerreras, desde propagandísticas a simplemente OBRA DE ARTE.

En todo este transcurso de la historia de la humanidad, la música la han generado personas más o menos cualificadas para entretener, para acompañarse mientras trabajaban, para bailar, para dar gracias a Dios o invocar al mismísimo diablo, para disimular el miedo en la oscuridad, para hacerse notar, para ligar o incluso para ganar dinero.

El dinero y el trueque mucho antes llegaron al arte del sonido desde que se planteó la especialización, la profesionalización. Era bueno que una persona con talento para ordenar sonidos dedicara gran parte de su tiempo a trabajar la técnica, investigar nuevas posibilidades y, por supuesto, componer e interpretar para solaz disfrute del resto de mortales. Pero esa dedicación había que compensarla de alguna manera; con gallina para el puchero o con unas monedas.

Ya todos sabemos que la cosa se complicó y se complicó bastante esto de las formas para cobrar. Al llegar 1877 el inventor Tomás Alva Edison creó el primer fonógrafo y diez años después Emile Berliner fabricó el primer gramófono (grabaciones en disco) y este invento, junto con la transmisión de datos, hizo que la música en el siglo XX se convirtiera en algo omnipresente y que la cadena de valor de la música, lo que denominamos de forma genérica la “industria de la música”, creciera hasta límites insospechados.

La música grabada, en soportes analógicos al principio y digitales más tarde, se convirtió rápidamente en objeto de consumo que, cada vez más, movía ingente cantidad de dinero (incluso por debajo de algunas mesas de importantes despachos). Llegó incluso a crear una tipología específica de consumidor de “arte sonoro” que optó por coleccionar soportes grabados rechazando la actividad original; la música en directo. Este curioso pero nutrido grupo de individuos prefería una “fotocopia sonora” bien retocada a un auténtico concierto. El argumento esgrimido; “se oye mucho mejor en casa con el equipo que me he comprado a plazos que en una sala de concierto”.

Volviendo al hilo de este post; ¿como podríamos definir lo que es una grabación?

Antonio Miranda, Tonmeister (maestro de sonido) que ha realizado cientos de miles de grabaciones de todos los estilos musicales (especialmente músicas sinfónicas), afirma en su currículo, sin cortarse un pelo, que grabar música es “enlatar trozos de tiempo para aquellos que quieren (en un vano deseo de fugaz trascendencia propio de nuestra sociedad) congelar aquello que se lleva el viento por ser irrepetible: la palabra y la música”.

Como bien apunta Miranda, y teniendo en cuenta las técnicas de grabación que se han aplicado durante la última mitad del siglo XX (ver “Grabar o no grabar, esta es la cuestión” en este mismo blog), las grabaciones comercializadas hay que entenderlas como un sucedáneo del acto musical por antonomasia; hacer música en directo (vaya redundancia ya que solo se puede hacer música en directo ya que en diferido sería simplemente reproducir una grabación y no hacer música).

Pero la realidad es que una industria musical -sin demasiados escrúpulos, todo hay que decirlo- ha montado en estos últimos tiempos un sustancioso negocio manipulando, en muchos casos, al consumidor que durante años ha aguantado impasible. Discos realizados en laboratorio falseando la realidad. Discos que en algunos casos solo contenían un único corte que valiera más o menos la pena. Discos interpretados por personas distintas a las que salían en las portadas. Discos diseñados para enganchar pero que no aguantaban el paso del tiempo. Productos “basura” de rápido consumo…

No lectores, no. La música no es una grabación, si bien reconozco que hay grabaciones que son auténticas joyas. Pero al igual que el “Muchacho con Pipa” de Picasso original no es la reproducción que vimos en el colegio en nuestro libro de texto, o como tampoco lo sería aunque la reproducción fuera digitalizada a escala 100% sobre lienzo con imprimación de tintas disueltas en aceite secante. En este último caso solo sería una copia muy buena del original. En Internet puedes encontrar reproducciones gratis como la que acompaña este post. Si quieres una en soporte analógico la encuentras por 99 dólares. Pero nadie pagará por una copia los 104.174.000 dólares americanos que pagó por el original el pujador anónimo telefónico en Sotheby´s.

Las copias son un fantástico instrumento para la democratización del arte, para que al menos en copia podamos disfrutarlas todos los humanos del “mundo mundial” (como es el caso de las reproducciones en Internet). Sería terrible que toda la obra pictórica que permanece en manos privadas y en museos no la pudiéramos conocer salvo visitando el original.

Por eso no es de extrañar que ahora mismo existan una serie de jóvenes creadores que graban sus actuaciones musicales con la única sana intención de que su obra llegue a la mayor cantidad de gente posible. Se plantean su música grabada como una tarjeta de presentación, como propaganda de su trabajo real; HACER MÚSICA. La cuelgan en Internet y puedes acceder a ella de forma gratuita, desde cualquier parte del mundo, gratis, para todos igual, sin distinción de raza, sexo o cultura. Son músicos honestos que quieren vivir de su trabajo de forma razonable y no alimentando un circo enfermo, obsoleto y corrompido cuyo único fin son los beneficios económicos aunque eso signifique ir en contra del propio arte y la cultura.

En definitiva, la música enlatada solo es eso, música en conserva. Nada comparable a la fresca del día.

Uno de los muchísimos ejemplos de esta filosofía es www.lamundial.net. Un grupo de jóvenes que graban sin trampa ni cartón y como dicen ellos mismos “el oficio de músico es el directo, precisamente grabamos nuestro CD de esa manera, en estudio pero tocando todos a la vez y sin apaños posteriores. Queríamos dejar claro lo que somos capaces de hacer; bueno, malo o regular pero sin trampas”.

Es que no tiene mucho sentido pagar por un trabajo de laboratorio para que, además, les den unos pocos céntimos a los músicos mientras que los euros se los quedan toda una ristra de personas que nada tienen que ver con el hecho musical en sí mismo. No parece razonable pagar sucedáneo por original. Conserva por fresco. Lo mismo cuesta ver un artista en directo que comprar su discografía ¡y no podemos comparar!

Para finalizar, y para que quede muy claro, no quiero decir que estoy en contra de la música de laboratorio, de la música fijada en soporte tangible o intangible; la música grabada en definitiva. Hay músicas que solo se pueden realizar en laboratorio como gran parte de la música electroacústica actual o la música concreta de mediados del siglo pasado, por citar un par de ejemplos. Como tampoco estoy en contra del melocotón en conserva o del atún en lata. No es eso. Lo que pretendo transmitir es que entiendo las grabaciones como fórmula de democratización y difusión del arte y la cultura y no como un negocio en sí mismo.

Defiendo que el arte esté disponible en copias para que todo el mundo pueda acceder cómodamente como mera “propaganda” del original. Las copias podrían consultarse de forma gratuita on line (modelo biblioteca) y/o bajarse gratis o a precios muy asequibles para consumo propio sin ánimo de lucro.

Estoy en contra de que nos vendan copias por originales, conservas por fresco del día, gato por liebre y encima a un precio abusivo que no llega de manera razonable al auténtico responsable. Estoy en contra de que esa industria aplique el “todo vale para ganar dinero”.

Y lo que no puede darse en ningún caso es que se persigan a los creadores que, con una nueva filosofía y con un nuevo modelo de negocio más solidario y sostenible, quieran regalar su música grabada, por ejemplo, en formato mp3 en Internet bajo licencias Copyleft.

Enrique Mateu

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